Los momentos de la lectura
Isabel
Solé (2013), catedrática de Psicología Evolutiva y de la
Educación en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona e investigadora de los procesos de lectura, considera importante atender una serie de preguntas que orientan a
cada uno de los llamados momentos de la
lectura:
Antes de la lectura
v ¿Para qué voy a leer?
(Determinar los objetivos de la lectura)
1.
Para aprender
2.
Para presentar una ponencia
3.
Para practicar la lectura en voz alta
4.
Para obtener información precisa
5.
Para seguir instrucciones
6.
Para revisar un escrito
7.
Por placer
8.
Para demostrar que se ha comprendido
v ¿Qué sé de este texto? (Activar
el conocimiento previo)
v ¿De qué trata este texto? ¿Qué
me dice su estructura? (formular hipótesis y hacer predicciones sobre el texto)
Durante la lectura
1.
Formular hipótesis y hacer predicciones sobre el texto
2.
Formular preguntas sobre lo leído
3.
Aclarar posibles dudas acerca del texto
4.
Resumir el texto
5.
Releer partes confusas
6.
Consultar el diccionario
7.
Pensar en voz alta para asegurar la comprensión
8.
Crear imágenes mentales para visualizar
descripciones vagas
Después de la lectura
1.
Hacer resúmenes
2.
Formular y responder preguntas
3.
Recontar
4.
Utilizar organizadores gráficos
Siempre
que tenemos un acercamiento con cualquier texto llevamos a cabo una lectura
determinada, por lo que identificamos estos momentos que describen estrategias llevadas
a la práctica de manera consciente o inconsciente, pero que al final nos
permiten desarrollar nuestra comprensión lectora.
Realicemos una
actividad donde rescatemos estos momentos de la lectura.
1. Observa el siguiente texto. Lee
el título, así como a los subtítulos. Revisa la extensión y a grandes rasgos
contesta:
¿De
qué tratará este texto?
¿Qué
me dice su estructura?
2. Realiza una lectura atenta,
consulta palabras desconocidas, realiza una relectura para asegurar que
entiendes lo que expresa. Subraya ideas principales.
Olvida la luz azul: así afecta
a la vista estar enganchado a una pantalla
La
sequedad ocular y la miopía son solo dos ejemplos de las consecuencias del uso
intensivo de aparatos electrónicos, pero no son un destino inexorable.
VERÓNICA
PALOMO
13
MAR 2019 - 03:39 CST
Hubo
un tiempo en que no existían los smartphones, las tablets ni los libros
electrónicos. Las videoconsolas eran un privilegio, en las casas no había un
triste portátil y la única pantalla que rompía de la casa era la del televisor.
Para los estándares modernos, era una vida asceta que solo era perturbada,
tarde o temprano, cuando una madre preocupada por el daño que la tecnología
podía provocar en el bienestar de sus retoños formulaba una frase icónica:
"¡No te acerques tanto a la tele niña, que te vas a quedar ciega!".
Ahora la casa, la calle, el trabajo, el metro y la vida, en general, son
multipantalla pero, en lo que respecta al grito materno... ¡qué poco hemos
cambiado!
Es
más, la idea de que las pantallas dañan la vista está más fuerte que nunca, y
con razón. Según un estudio de Hootsuite, los españoles pasamos en internet
5,20 horas diarias, 2,53 frente a la televisión y 1,38 en las redes sociales.
Los más pequeños no son ajenos a esta inversión del tiempo, tan mediada por la
tecnología. Según el Informe Norton, My First Device, los niños pasan
conectados al móvil 2 horas y 24 minutos en España. Ante tanta dependencia, lo
primero que viene a la cabeza es, curiosamente, lo mismo que se le pasaba a
nuestras madres en los años ochenta: tantas horas pegados a una pantalla no
puede traer nada bueno. Y merecemos una respuesta certera, y, en este mundo
multipantalla, ineludible: ¿De verdad son las pantallas tan malas para la salud
ocular?
Ojos fatigados y
secos, el peaje de los ordenadores
El
oftalmólogo Jesús Zarallo, especialista en retina médica y quirúrgica del
Hospital Universitario del Henares, confirma que el uso de las pantallas sí
puede producir problemas, además de agravar otros ya existentes. "El más
frecuente con el que nos encontramos es la fatiga ocular, que se produce por la
necesidad de enfocar a una distancia muy cercana", indica. Y explica que,
para mantener la atención constante a una pantalla, "necesitamos que
ciertos músculos oculares sostengan un trabajo, y es ese esfuerzo el que
provoca síntomas como la pesadez y el dolor de los párpados, el escozor o
picor, las ganas de mantener los ojos cerrados, incluso el dolor de cabeza,
molestias cervicales y vértigo". Nada que no sepan quienes se mueven en un
entorno laboral que se reduce a un rectángulo luminoso.
Otro
efecto de las pantallas que sufren muchas personas, cuyos síntomas se agravan
con el uso de los dispositivos, es el síndrome del ojo seco. Se produce por una
falta de lubricación, la consecuencia de la concentración constante en la
pantalla. "Hace que parpadeemos menos y que tengamos los párpados más
abiertos de lo normal", explica el especialista. Más tiempo de exposición
al aire y más superficie expuesta, la combinación perfecta para fomentar la
sequedad ocular.
Todos
estos síntomas se incluyen dentro del denominado Síndrome Visual Informático
(SVI), unas molestias que, según un trabajo del Instituto de Salud Carlos III,
el 90% de los trabajadores que pasan más de 3 horas al día frente al ordenador
llega a padecer. El trabajo también señala que pueden verse agravadas si el
trabajo se lleva a cabo en un lugar cerrado, con aire acondicionado o
calefacción. La nula ventilación, unida a la concentración de las partículas
que producen las impresoras, los ordenadores, los monitores, es una combinación
que provoca que la superficie ocular se dañe y, como consecuencia, aparezca la
picazón y ardor de los ojos al final del día. Zarallo llama a la calma. Según
el oftalmólogo, "estas alteraciones, aunque molestas, no suelen conllevar
un daño estructural en nuestros ojos".
Cada vez hay más
miopes, y las pantallas sí tienen culpa
Entonces,
¿no es cierto que por culpa de nuestra adicción a las pantallas en los últimos
50 años el número de miopes se ha duplicado en el mundo y que la OMS estima que
para el 2050 lo será la mitad de la humanidad? El profesor de la Universidad de
Murcia, Diego López Alcón confirma este incremento de la miopía, pero el
especialista no lo relaciona exclusivamente con las pantallas. Aunque sí tienen
que ver con el uso creciente de las tecnologías de la información.
"Además
de los aspectos hereditarios, la otra causa que provoca la miopía está en las
personas que realizan tareas de visión cercana, como puede ser el uso de los
móviles", dice López Alcón. Pero subraya que "también el de leer con
los ojos pegados al libro" la provoca. No son las pantallas en sí mismas
sino el esfuerzo de la visión cercana lo que está relacionado con la aparición
y progresión de la miopía. "El problema de las pantallas es que se usan
para muchas más cosas que leer libros (mandar mensajes, redes sociales, ver
vídeos, películas…), por lo que la mayoría de los niños y los adultos pasamos
con ellas muchas más horas de las que estaríamos frente a un libro", indica
el especialista.
¿Pero
cuánto tiempo podemos decir que es razonablemente saludable pasar delante de la
pantalla? "No existen estudios objetivos que informen de a partir de
cuánto tiempo el trabajo continuado con dispositivos electrónicos es
perjudicial para nuestros ojos. Los síntomas del SVI pueden aparecer antes o
después dependiendo de la persona, y también puede incluso que no aparezcan
nunca", explica el investigador de la Clínica Universitaria de Visión
Integral de la Universidad de Murcia (CUVI) Vicente Fernández.
Luz azul, que no
cunda el pánico
Nadie
se libra de la amenaza de las pantallas. Aunque no pasemos muchas horas frente
a ellos y no nos acerquemos demasiado, siempre puedes ser presa la última moda:
la luz que emiten, que, según algunas investigaciones, es muy perniciosa para
nuestros ojos. El oftalmólogo Jesús Zarallo conoce los estudios que han
asegurado la necesidad de utilizar filtros contra la luz azul de las pantallas,
con la excusa de que dicha energía puede producir daños en la retina, pero
asegura que "ese supuesto daño solo ha sido detectado en modelos de
laboratorio y que no tiene de momento una validez científica suficiente para
avalar el uso de dichos filtros".
La
Sociedad Española de Oftalmología y la Academia Americana de Oftalmología se
han apresurado a explicar por qué el daño del que hablan no es para tanto.
Principalmente -tal y como señalan desde la Asociación Americana de
Oftalmología- se debe a que "dentro de la investigación realizada en el
laboratorio se expusieron directamente células a la luz azul, pero la realidad
es que estas células en el cuerpo humano no están en contacto con este tipo de
luz, ya que esta solo incide superficialmente en la piel y en los ojos, y no
tiene ningún efecto en ninguna parte profunda del cuerpo". Menos mal.
Lo
confirma el profesor de optometría de la Universidad de Murcia Francisco Lara
Lacárcel: "No está aún claro el verdadero daño que la luz azul emitida por
las pantallas puede causar a la retina. De hecho, la luz recibida por el ojo
humano un día soleado en el exterior es varios cientos de veces superior al
recibido por las pantallas electrónicas y a los niños no les prohibimos salir a
la calle por su salud visual, todo lo contrario", cuenta el experto.
Efectivamente, la mayor fuente de luz azul es la solar, y un gran número de
estudios científicos muestran que la actividad en el exterior frena el
desarrollo de la miopía.
Siempre
y cuando se evite la sobreexposición, y se protejan los ojos con gafas que
filtren los rayos ultravioleta, nuevos estudios aseguran que pasar tiempo al
aire libre es esencial para un desarrollo ocular normal en los niños. Lo dice
un artículo de la AAO, que concluye que 40 minutos de aire libre al día pueden
reducir la miopía. Son estudios que tampoco pueden confirmar al 100% que esto
pueda evitar la anomalía, pero lo que sí demuestran es que la luz del sol
afecta en cómo los ojos se desarrollan en la infancia y en la adolescencia.
Principalmente, como señala un trabajo publicado en la revista The Lancet,
"porque la exposición a la luz solar estimula la producción de dopamina,
que impide que el globo ocular se alargue y, por lo tanto, se distorsione el
foco de luz que entra al ojo, que es lo que ocasiona la miopía".
En
otras palabras, está claro que pasar más tiempo en la calle y menos delante de
las pantallas es un buen consejo. Claro que, si no hay más remedio que sentarse
ante la luz más influyente de lo que va de siglo XXI, hay formas de proteger la
vista de la influencia perniciosa de la tecnología. Y aprenderlas es nuestra
asignatura pendiente.
NI GAFAS PARA ORDENADOR NI
FILTROS, LA REGLA 20-20-20 Y LAS LÁGRIMAS ARTIFICIALES SON SUFICIENTE
Para
aliviar todos los síntomas provocados por el Síndrome Visual Informático, el
catedrático de Óptica y optometría, y miembro del Consejo del Instituto
Universitario de Investigación en Envejecimiento, Norberto López Gil,
recomienda unas sencillas normas de higiene visual.
-
"Uno de los síntomas del síndrome de uso del ordenador está asociado a las
alteraciones de la lágrima, al estar un tiempo continuado delante de una
pantalla, por eso tenemos que obligarnos a forzar el parpadeo completo y a
practicar la reglas del 20-20-20: por cada 20 minutos de visualización, relajar
la visión mirando lejos, unos 20 pies -6 metros de distancia-, durante 20
segundos", aconseja el experto.
-
También pueden ayudar las aplicaciones para móviles que oscurecen la pantalla,
avisándote de que te ya llevas demasiado tiempo junto a ella, que la estás
viendo en condiciones de poca luz o que te encuentras a una distancia demasiado
corta (la mínima recomendada para un móvil es de 30 centímetros, 40 para tablet
y 50 para ordenador).
-
No hace falta utilizar ningún tipo de gafas protectoras, pero sí lágrimas
artificiales para refrescar los ojos cuando se sienta esa sequedad tan
incómoda.
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Es importante la posición delante del ordenador, con los pies completamente
apoyados en el suelo y con las piernas en ángulo recto, apoyando la columna en
el respaldo. También tener una buena luz y la colocación adecuada del
dispositivo, en un lugar en el que no haya reflejos y a una altura en la que la
posición de los ojos frente a la pantalla sea adecuada. Para calcular la altura
adecuada, comprueba que tu horizonte visual sobrepasa un poquito el borde
superior del monitor en cuestión.
3.Elabora
un resumen y contesta la pregunta: ¿Cuál es tu opinión respecto al tema
planteado en el artículo?
Puedes
darte cuenta que al ir realizando la actividad vas movilizando los distintos
momentos de la lectura, de tal manera que haciendo ese recorrido podemos
acercarnos más al contenido del texto, lo que permite una mejor comprensión del
mismo.
En
este caso, aunque debimos considerarlo al inicio, el objetivo de la lectura es
darnos cuenta de los momentos o etapas que llevamos a cabo al leer.
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